Ese demonio hay días que te estalla,
te acaricia y ensucia y se reparte
por tus lados ebúrneos;
te desnuda,
más aquí, más allá, sitiándote.
Ese demonio de pasión arroja
la luz sobre tu sombra, te deslíe;
despojada y aviesa en la sonrisa
y tus manos se tensan en figura de copa,
de silenciosa copa contoneada.
Es como si convidaras
a beber el alcohol lúbrico de tu ansiedad
y, en esa alquimia, lánguida de angustia,
ofrecieras
tu corazón a nadie.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de John White Alexander)
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