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viernes, 26 de junio de 2015

Aires de celo

Ya extendidos el uno sobre el otro,
cuerpo dado a otro cuerpo sobre almohadón de sombras,
arriba abajo, abajo arriba, arriba abajo;
Tu boca es rosa y se abre a los labios del viento

Labios de fuego y aire contra labios de linfa transparente
rozándose desnudos, ofreciéndose en pétalos;
roja rosa llevándose tu rostro,
poniéndole su centro mientras la angustia vuela
más allá de los ojos desde universos a horizontes.

Roja rosa poniéndote en el centro,
donde el alrededor de la tristeza llueve
mientras la angustia vuela y vela.
Donde lo triste llueve su grisácea ternura
pero a la vez la angustia vuela y, barca a vela,
va a nortes desatados en torbellinos y  novelas.

Aires de celo cegándose, sesgando todo anhelo,
compendiando los cuerpos desnudos sobre el trigo
porque estallan de espacio las tolvas amarillas,
las ráfagas de un cielo de temblores y látigos y  arenas.

Estalla para siempre la furia del deseo.
Estalla para siempre la inmensidad del vuelo
y la pesada lluvia cae sobre  mansa arena.
Todo a la vez se cierne y se seduce
se disipa y entrega.

Los cuerpos gimen, ayes, cuando chocan,
ruidos blandos y duros, suenan como chasquidos.
Son materias latientes y ligeras pesadas
que se hacen más ligeras, puro temblores, flojas,
como sombras transidas, hojas, enredaderas.

Aires de celo, aires como rojas panteras,
aires ya sulfurados, ya tranquilos, después de haber pasado,
después de haber unido los cuerpos extendidos,
antes, premiosamente antes,
de que sus muertes los dejen debajo de la tierra,
los echen al olvido convertidos en polvo y en cenizas.-

Amilcar Luis Blanco ("Jupiter and Io", oleo sobre lienzo por John Hoppner)