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lunes, 15 de junio de 2015

Estas sílabas rotas





Estas sílabas rotas,
las no usadas o harto usadas,
que vienen de la queja y la impotencia,
del indocto parlante,
que las corta y las monda a su medida,
componen las palabras y el poema.
Como rengos y mancos, tartamudos,
sordomudos y ciegos componen muchedumbres
guiadas hacia el centro del púlpito o la cátedra.

Se oyen en todas partes
y salen de cofres de silencios,
de auras angelicales y pechos enconados
y gargantas vacías como hogueras.
Por la cesuras, quiebras, por las grietas oscuras
del idioma, del habla, del coloquio,
los cánticos se filtran, surgen de la intemperie de los gritos,
de consignas hirsutas desafiando las sombras,
de los ayes enhiestos, pancartas, banderolas;
son las sílabas rotas 
pronunciándose aupadas por vientos y mareas.

Todos las pronunciamos casi sin conocerlas,
sospechando que  del ritmo que llevan,
de las cadencias parlanchinas, de las hablas,
saldrá la luz y el paquebote del discurso,
el relato, los pilares dialécticos de la tragedia
y la filosofía y uno mismo moldeado, articulado,
convertido en palabra,
trajeado de sentido,
aún cuando más no sea
"in artículo mortis".

Una babel de imágenes y sueños,
en inglés, español, francés,
en alemán, en ruso, en portugués,
en todos los idiomas del planeta,
a sílabas contadas, hurtadas, quebradas,
degradadas a susurros y murmullos,
estas sílabas rotas,
estas lágrimas fónicas,
estos trozos de risas
aupadas y sollozos,
exclamaciones y suspiros,
llaman por fin, convocan, envanecen,
producen el dislate del rugido
del humano dolor que nos aqueja. 

Amilcar Luis Blanco ("Discurso de Lenin en la Plaza Roja", oleo sobre tela de Dimitri Nalbandian)