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lunes, 22 de junio de 2015

CONFESIÓN





Siento el sonido azul de la palabra y lo confieso:
nada me importa más que amar y ser amado.
Y eso porque la tierra, el mundo, se construyen
 sólo a partir de ser y de sentirse enamorado.
Y al fin si se deslíen horizontes  fronteras 
aún en la curva del más siniestro ocaso
y en su batir  encienden alas las lívidas hogueras,
 y pájaros contestan en sus vuelos el desliz del fracaso
y confieren tibieza contra sombras y fríos,
 contra sombras y fríos que nos llevan errando de torpeza en torpeza,
aún el amor así nos hace nuestros, releva e inmuniza de todos los denuestos.
Hace sentir también cómo se enciende el mediodía y nos hace viajar hacia la tarde 
y nos deja después adormeciéndonos en el ángel del aire.


Vivir es transcurrir y transcurrir pasar de un ser a otro 
y a veces el sufrir es un gozar 
un viento que en amapolas llueve.
Y otras veces, las más, es solitario, 
nos echa de costado sobre un filo sinuoso de acontecer amargo.
Pero el amor nos cambia, para siempre nos cambia y azulea
 si amamos y nos aman y alivia cada carga y cada cargo.
Porque el amor nos llama desde su barca góndola y marea
Y nos distrae del mal,  la penuria y la herida 
que sangra tercamente luego de la pelea.-


Amilcar Luis Blanco ("El primer amor", oleo sobre lienzo de Raúl Cañestro)