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lunes, 27 de junio de 2016

APASIONADA





Te siento arder desnuda, golpeando  una marimba
de sales, barros, fuentes y horcones vegetales,
hembra mulata airosa, que por mulata  y gringa
golpeas  sangre a sangre los pulsos ancestrales,
aúllas, gritas, cantas, silbas y en tu garganta
hay lustres de pantera que tu piel adelanta
y a dos cuerpos nos roban extremos genitales;
son copas y raíces de una arborosa planta,
de un día trajinado por cuerpos espectrales,
deseándote, lamiéndote, esa fiebre que imanta.

Te siento arder desnuda, tus llameantes umbrales,
en tus carnes se ahondan a trémulos follajes,
tus ojos  de pantera cual duros pedernales
parten en dos las sombras como piedras preciosas
en las que el sol cayese abriendo los ramajes
con fulgurantes rayos hasta tus carnes rosas.
Y cuando sobre el cieno desnuda y de rodillas
alzas los negros brillos de tus ojos rubíes
para tentar los míos nublados, desportillas
en mi una gradería de templadas huríes.

Apasionada en ciernes, abriéndote a otros besos,
a otras palmas de manos invasoras y ajenas,
despertándome celos, yéndote en los excesos,
que transportan y expulsan culpas, duelos y penas.
Sanguíneos y desnudos nos vamos alejando,
yo de acero candente, ciego y resplandeciente
y vos como la noche, el cosmos ocupando.
Nuestro amor, una niebla, un escaso relente.
La lacerante duda abriéndome, oscilando, 
hecha un fino cuchillo filoso y sedicente.

Amílcar Luis Blanco ("Musidora", oleo sobre tela de Julio Romero de Torre)