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miércoles, 21 de marzo de 2012

UN RECUERDO




Recordaste la higuera,

recordaste,
el olor del silencio en la madera.
El viento que crujía en el molino,
los pájaros, la espera,
el patio, la esperanza, el sol, el vino
que tu padre bebía
mientras te acompañaba
al pie de tu ardua cama
de triste niño enfermo
que en vez del limbo eglógico en la flama
de la fiebre que quema
parecía lindar con el averno.
Pero hubo una diadema
o la lágrima sucia de una estrella
caida en el aljibe, una colmena
de risas y fue ella
que acudió a visitarte fiel y amena
la que alivió el delirio de la pena.
Y la memoria ahora sin usura
te devuelve su rostro de doncella,
y su imposible y lánguida figura
y escabulle en un sol que se escondía
sus ojos decrecientes, su finura,
y un olvido que vuelve como marea fría
a mojar aquél  fuego en su ternura
y aún más lo enciende en tu melancolía.



Amílcar Luis Blanco