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jueves, 30 de octubre de 2014

Te buscaré




Vení ya, corredora por  calles y por plazas,
atravesando nieblas y cantares,
después de haber cargado tus mochilas y  trazas,
mezclada en procesiones, guarecida en hangares;

que yo me iré a encontrarte en los bazares,
entre las muchedumbres y  las masas.
Y al escandir tu cuerpo en mis ijares,
mis manos y mi boca se me darán escasas.

Porque tu ausencia hierve en mi vino hecha brasas.
Iré a vos, si no vienes, donde estés; en los bares,
en esquinas sin nadie, en derrumbadas casas.

Te buscaré con ansias en llameantes hogares,
incluso entre la lluvia en huecas argamasas
para yacer contigo y en tu boca apurarme  tus mares.

Amílcar Luis Blanco  (Pintura de Vicente Romero Redondo)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Cómo cruzan desnudas





Mujer que bajo un cielo de halcones y de imanes,
donde apenas podemos pisar y tropezamos,
nos ofreces tus piernas desde  altas caderas
echada blandamente sobre un suelo amarillo
y ocre de luz sucia, hojas sueltas y láminas translúcidas.
Antes de echarte para ser tomada
y de brindarte para ser violada por el ojo y el pulso
caminaste sin dudas aceras y calzadas.
 cruzada por tensiones y por días.
Ahora te cruzan por haberte visto
tus tensiones tardías y mis ganas.


Cómo cruzan desnudas tantas piernas,
teñidas de nirvana tantas piernas
tu tensión y mis ganas,
creyéndose bravías e inmortales,
las dunas amarillas de los muslos
y las nalgas errantes
y los cuerpos hendidos por las ancas
en crudas intemperies y sitios monacales,
por  vidas extendidas al pie de los sentidos
tu tensión y mis días como dos caravanas.

Sobre todo deseos trenzándose en nirvanas,
volviéndose a los ojos fuselajes que avanzan
y tienen entrepiernas
géiseres de  ardientes nidos,
humedades de llamas que nos llaman
y sigilos de adioses rozándose 
con sonrosada gracia.
Nuestras bocas y sexos sabiamente agredidos,
transidos y colmados, monstruosamente henchidos,
y el turbulento paso  de la nidada insigne, 
del deseo de  hembra
 de una embriaguez de glúteos,
de desnudos torpedos de una hembra,
destruyendo mis sombras, gemas de claridades.

Amilcar Luis Blanco (Pintura y fotografía artística de Alexandre Montoya)


lunes, 27 de octubre de 2014

MÁQUINAS DE MATARNOS



Máquinas de matarnos el instante,
que nos golpean todo el santo día,
convierten nuestra vida en agonía
con su rutina dura e incesante.

Máquinas de matar a su ocupante
con mecanismos de relojería,
destructoras del goce y la poesía,
llevándose la calma por delante.

Haciéndonos esclavos, militantes,
en conjuras de triste compañía,
anónimos, sombríos, coribantes.

Máquinas que pervierten la armonía
de músicas y pasos elegantes,
Y quiebran el balance y la alegría.

Amílcar Luis Blanco (Fotograma de "Tiempos modernos" de Charles Chaplin)

sábado, 25 de octubre de 2014

SERRAT Y ANA BELEN , MEDITERRANEO..

Agradecimiento a las nueve musas






Agradezco a mi alma la poesía
porque me dio una luz y una manera
de alternar el olvido con la espera
para seguir viviendo cada día.

Abstraído en sentido y melodía
entro y salgo de mi como si fuera
un árbol  que marchita y persevera
en frutos que lo embriagan todavía.

Las nueve musas giran en la esfera,
portadoras del sol en la sombría
ronda de un porvenir que prepondera.

 Nos suman al pasado en su porfía,
al sucesivo instante. Eso me altera,,,
pero daré de mí hasta mi agonía.-


Amílcar Luis Blanco ("Musas bailando con Apolo", pintura de Baldassare  Peruzzi)

jueves, 23 de octubre de 2014

AGÓNICA CAMPANA




Agónica campana tañendo entre el tumulto,
monacal, medieval. La pollera de fémina
y una cosquilla de badajo, un golpe
y otro golpe, llamándonos sin tregua
con voz antigua pero enamorada.

Un corazón sexuado ya se raja
del metal amarillo y envolvente, reclama,
perdida entre el clamor de motores,
bocinas y sirenas, ahuyentándose
y hace brazos y manos de tañidos.

Esa calma campana que sonaba
en la extensa llanura y llamaba a los fieles
hoy apenas se escucha y, sin garganta casi,
sus disfónicos golpes retroceden 
hacia un tiempo de sombras.

Esa mujer campana que sabía
estar entre nosotros como el día.
Abría sus doseles y los turnos de orar
y dejaba un perfume de vibración.
Ahora se va, se aleja, repartida entre grillos.

Amílcar Luis Blanco ("Mujer con vestido amarillo", oleo sobre lienzo de Max Kurzweil)

domingo, 19 de octubre de 2014

ROSA DE TANGO




Dos encendidos corazones en la niebla
y algún silencio abriéndose en alguna esquina
para los dos mirándose
y la pierna de ella preciosa y bien torneada
asomándose al tajo de la sombra.

Y la mano maleva de él en la cintura,
estrechándola al rojo de un clavel de  solapa
y un arco entre sus talles.
Ellos dibujarán la rosa indetenible
al bailar en el tango la emoción compartida.

Galanes del fervor en la tiniebla
gestarán esa rosa paso a paso,
latiéndola en sus manos, en sus sienes,
los concéntricos pétalos del adiós en una melodía
en  su luna fatal, flamígera y desnuda.

La rosa construida será la bien amada,
una rosa de tango y de compases,
saldrá de la caricia de los cuerpos,
del encuentro vibrante de dos aguas surgentes
y de la transparencia de sus fuegos.

Y saldrá más que nada de sangres afianzadas,
del hecho decoroso de latir al unísono
y de no traicionarse mientras tanto
porque al violín lloroso son leales
y al bandoneón  abriendo su cuaderno de ensimismado viento.

Amilcar Luis Blanco ("Tango" grafito de Adelina Carrión)

viernes, 17 de octubre de 2014

INSOMNIO II







Un cerebro de luna parece distanciarme
de cada madrugada,
una perla desnuda preñada de mercurio, 
iluminada.

Una obsesión de acaso abriéndome a lo insomne
proponiéndome terco a la vigilia
y mis ojos pugnando por abrirse
en la noche vacía.

Náufrago de la luz entre la sombra.
El fósforo encendido de la terca memoria
y mientras tanto el corazón marchando,
sosteniéndose solo, convertido en pregunta.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Hugo Salazar) 

miércoles, 15 de octubre de 2014

ELLA





Ella, ya no sabré nombrarla,
será mi siempre amada.
Me ponía a vivir a cada instante.
Yo juntaba mis sombras restallantes de espadas,
de las que sobresalían viejos afiches,
pesados libros, cuentas, talismanes y ella
hacía un montoncito y las evaporaba.

Ella, ya no sabré nombrarla,
ordenaba mis duelos y dolores,
componía mis sitios de misterios,
ajustaba desnuda en sus pechos eternos
el reloj de mis miedos
y elevando las dunas de sus muslos
hacía crecer la luz de mi confianza
y blandamente, convertida en lluvia,
atemperaba todas mis hogueras.

Le ganaba a los dados a la muerte,
al ajedrez sombrío a la tristeza.
Y si era necesario me dejaba
hasta soñar con otra sin perderme.
Estiraba sus cabos y en apuntes,
porque ella navegaba,
agendaba mis días en su lenta bitácora.
Así me calculaba, ella sabía
el margen de mi gloria hasta dónde llegaba.

Conocía mis puertos más distantes,
mis más altas montañas
y en mi nariz oteaba su olfato de pantera
los resquicios más hondos de mis junglas amargas.
Por eso y otras cosas será mi siempre amada,
compartiremos panes, chismes, secretos, risas,
películas, historias, recuerdos, magos, hadas.
Escalaremos juntos hasta ser despedida
las faldas y los picos de mi audaz esperanza.

Amilcar Luis Blanco

lunes, 13 de octubre de 2014

Vamos a contarnos





Vamos a contarnos los días.
Vamos a contarnos las horas.
Vamos a contarnos las muertes.

El ligero contar, yantar de dedos
que se corren asidos
en el ábaco triste del silencio.

En el estar sentados en torno a una pregunta
y sentirnos desnudos.
Vamos a contarnos los cuentos;
las mentiras de siempre.

Del sexo todavía,
del fatigado sexo quejumbroso
regresamos tu femineidad y mi hombría,
pero hace tanto tiempo que ya se desdibuja el horizonte.

Por eso, vamos a contarnos los días,
las horas, las muertes y los sexos
en el ábaco silencioso de la tristeza.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de María Amaral)

sábado, 11 de octubre de 2014

CADA AMOR




Cada amor nos arrastra a lo salvaje.
Juega con ambos y nos deja ciegos.
Tropezamos, andantes y andariegos,
en el bar, en la calle, en todo viaje.

Nos eleva hacia un cielo su andamiaje
de falaz transparencia, nos da pliegos
de aristocracia audaz en torpes juegos
y nos deja a merced de su lenguaje.

Porque el amor nos ata a los apegos
de alguien amado y al cambiante traje
de sus cambios y antojos y sus ruegos.

De advenedizo espectro el maridaje
difícil con el otro. Cada amor hace nuevos
mundos, vidas, arbitrios y arbitraje.

Amilcar Luis Blanco (Oleo de Oleg Suplyak)


NOSOTROS SÓLO PUEBLO, SÓLO TIEMPO, SÓLO NUNCA






Nosotros,
los hombres, 
a montones,
a paladas, 
a giros, 
a revueltas, 
a explosiones.
Entre el pueblo,
a retazos,
entre el tiempo,
a retazos.
En manos palpitantes hacia cantos de gracias,
reunidos sin destino, 
a lo anónimo,
sin frentes, sin espaldas,
votamos, rebotamos, sin saber casi vidas, casi muertes,
donde poner las manos rebosantes de nuncas.

Las mujeres lo mismo,
entre pueblos y tiempos,
entre nuncas,
pero más lentamente, 
suavemente, 
sin llegar al abismo,
meciéndoles las faldas su eternidad de náyades,
 doncellas,
su  eternidad de madres, sus fríos seculares
y sus sangres calientes, contantes y sonantes,
 amparando latidos.

Hombres, mujeres, hombres, 
mezclándonos y haciéndonos,
asiéndonos del tiempo 
y deshaciéndonos,
y desasiéndonos,
del quehacer y los lazos y minutos,
convirtiéndonos en pueblos,
 en tiempos,
 en nuncas.
En hacedoras y asideras manos, 
élitros de los días
y los meses de días y los años de meses,
los años en los días,
los meses en los días,
los días en los años y los meses.
Y el segundo cayendo en el segundo,
ignorando los días, los años y los meses.
hasta partir los cántaros de pueblo,
en minuciosos e intrincados pedacitos de pueblo,
hasta sernos sólo pueblo, sólo tiempo,
sólo nunca.
¡Cómo si fuera poco!
Sólo pueblo.
¡Como si fuera poco!
Sólo tiempo
¡Como si fuera nunca!
Sólo nunca.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de René Magritte)


jueves, 9 de octubre de 2014

POEMA A LA LUNA





Mujer en plenilunio;

luna mujer que escapas y perviertes

las misteriosas dunas, los volcanes,

el alma de los ríos, los pajares de amarillo 
apagado,

las lujosas cisternas de las laxas mansiones.


Activa luna, tu marea desciende

de un albor de blancura en catarata

desciende blandamente y transfiere su fiebre,

su voluptuoso celo a las muchachas.

Luna en rotundo hervor, potencia lúbrica.



Luna de los pinares y canciones,

de los escapularios en sarmentosas manos,

la que observas oculta el paso de los 

lobos y las lobas que

 acechan

en los nudos templarios de la selva escandalosa y 
lúbrica

y después te refugias entre perlas de albas 
avemarías.



Luna que nunca te retiras de las rojas porciones que

 sustentas,

pulsando y circulando mis arborosas, alveoladas y tímidas

 pasiones

y te postulas virgen tendida, hecha de tiempo,

pero ardes macerada en un mercurio núbil de ceniza.




Amilcar Luis Blanco ("Baño de luna" Gráfico usado para

 crear un blindado de luna llena, fotografía de Piedad)

lunes, 6 de octubre de 2014

HE LLORADO





















"Y cuando la hubieron pasao,
una madrugada clara,
le dijo Cruz que mirara,
las últimas poblaciones,
y a Fierro dos lagrimones,
le rodaron por la cara"

José Hernández (Martín Fierro)

He llorado muchas veces,
en general de noche y en silencio,
pero también de día
y no de miedo, no de rabia,
de llanto nada más, de llanto
y asimismo de vidas que en mi vida se asientan.

De impotencia quizás, de agua copiosa,
pero también de ausencias que maduran
pariéndome dolores distinguidos.
Así cada dolor tuvo y tiene su llanto.
El llanto de alejarme de las cosas,
de los seres amados y los días dichosos.

De padre,  madre, hermanos, amores, amigos,
hijos, vecindarios, recuerdos, nomeolvides,
cruzando el calendario y a galope
mientras se empañan los ojos
en el agua que brota
de este temblor que soy, de esta derrota.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Juan Manuel Blanes)

sábado, 4 de octubre de 2014

SI YO PUDIERA






Si yo pudiera ser como esa fiesta
que enamora la luz y la memoria;
esa fotografía a mil colores,
buscaría la forma de encontrar tu regazo.
Pero no, esta no es una fiesta, no cabe.
Están la rayuela, la cachila,
descendiendo de  De Caro y Arolas
hacia las veredas con mosaicos de misterio,
hacia las calles de la tarde vistas desde la melancolía,
vistas desde la tristeza sin límites extendiéndose.

Si yo pudiera ser como una fiesta, me decía,
para vestir la tarde de alegría y sacarla a paseo,
si pudiera meterme en tu regazo y mirar de reojo,
y migrar de costado como un niño que viaja
por su vigilia al sueño
y no caer en la fantasmal, melódica, doméstica tristeza,
que se desmorona desde todo el pasado de mundo que me asiste.
El alma tocaría a dos bandoneones, 
giraría a dos bandoneones, 
se pasearía, bailaría entre las claridades y los vientos.

Amílcar Luis Blanco ("Danzas en tus sueños", pintura de Mónica Lowenberg)

jueves, 2 de octubre de 2014

A VER SI PUEDO
















A ver si puedo, digo, a ver si puedo
entenderme de nuevo con las cosas.
Entenderme de a parque, a calle, a cielo.
Ir de mi mismo al día sin perderme.
Acuartelar la sombra, la duda, lo silente.
Perderme en el jolgorio de la tarde,
en la gente que pasa y no lleva cara,
en la gente que pasa y sólo lleva manos,
y sólo lleva su corazón invisible
como una bandera que la anunciara,
una trompeta callada, un violín desesperado.

A ver si puedo, digo, a ver si puedo,
rescatar de algún tango su deleite,
su figura redonda, la que sale
airosa de la banda o el sainete,
de la escena difunta, el fúnebre compás,
del adelanto módico y punzante
que nos manda la muerte.
A ver si puedo porque el día viene,
porque la noche viene y se adelanta
y la gente sin cara y sólo manos, se pierde.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Edward Munch)