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domingo, 25 de septiembre de 2011

ESPERARTE


Esperarte es un martes en Domingo,
así desangelado y progresivo.
Es un chasquear los dedos
de párroco impaciente.
Y nadie acertaría al verme,
rictus de soledad en la cara,
en la mañana de esta esquina,
mirando sin mirar el horizonte,
detrás del parabrisas de mi calma,
que te amo y espero
en la porca miseria de un coche estacionado,
colgado del silencio y del contagio
pulular en un día que despierta
con gargantas de óxido en el bronce
golpeadas por badajos guturales;
antes sordas campanas que sonaron
en el atardecer de las palabras
para esparcir palomas y misterios.
No, nadie acertaría que esperarte
es abrir vacaciones en la noria del tiempo,
en los derroteros de los feligreses;
es impactar como el reflejo de una espada
en el ritual del cáliz alzado en sacerdocio
y encontrarte en el vino de rubí del destello.
Es comulgar contigo en el andrajoso tacho
de las mañanas del mendigo y el ciego.


Amílcar Luis Blanco