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viernes, 5 de julio de 2013

ARIADNA

























Comparece Dionisos y en la arena
abandonada y fiel, puesta de hinojos,
yace Ariadna, sin nadie, ante sus ojos,
Teseo ganó el mar para su pena.

El orgiástico Dios juega la plena
cornucopia de lánguidos arrojos
al apetito lúbrico de antojos
que justifica en su reinar la escena.

La muchacha se irá de la cadena
del hilo conductor, hacia los flojos
vínculos sin amor, a la condena

de tener que vivir, hirientes, rojos,
besos de ayer en cutis de azucena
que su amado le diera, ya  despojos.

Amilcar Luis Blanco ("Desnudo de Ariadna" por Federico Cantú)