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jueves, 11 de julio de 2013

Esa mujer, no otra.



La mujer al acaso,
la que queda,
la que no viene nunca,
la que espera.

La mujer nomeolvides,
la que trunca,
la que aleja el deseo
porque lo agranda tanto
que se cae por sus bordes,
la que nunca.

La mujer ya mujer y ya paloma
y ya por siempre hermana.
La mujer digamos,
simplemente desnuda,
de manos arrojadizas,
de penumbra en sus senos y su sexo.

Esa mujer, no otra;
la que arroja en el páramo sin nadie
la virtud de su sombra.
La que excede por siempre y para siempre
y nos pone en el mundo.

Amilcar Luis Blanco