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jueves, 18 de julio de 2013

TARDE GRIS
























Hay quien me diga nada quien me ciña
cuando estoy dirigiéndome  a tus ojos
hacia el campo de alondras con espuelas
que dibuja el dosel de tu sonrisa contra la tarde misma
contra ese gris de humo y de distancia fumada en infinito.

Hay quien se acerque y diga sin embargo esa mujer
desvela y levanta sus párpados iguales a palomas
posadas al acaso sobre los frontispicios las dovelas
frisos artesonados arcos cornisas y antepechos
porque su pulso escapa como el ardor del día y la luz y el espacio.

Hay quien me diga nunca en el desierto de su ausencia
y le ponga una pausa deteniendo de a poco mi dolida apetencia.
Alguien que me consuele y se conduela y se haga sueño y duelo
y levante las faldas bajo su fiel mirada de doncella
para que el llanto mismo se convenza y se transforme en lluvia sin sospecha.

Amilcar Luis Blanco  (Fotografía de Rocío Dúrcal)