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sábado, 13 de julio de 2013

En el lecho
























En el lecho callamos, donde empiezan los cuerpos
y suceden las manos y tus senos y el alba.
Sobre el colchón mientras la luz te esmalta
y te roba la sombra relegada a tu pelo
sentimos el cansancio de todas las palabras.

Sentimos que el silencio las demuda y desviste
tanto como nosotros lentamente lo hicimos,
entonces la molicie visita nuestros huesos,
los músculos se tienden solo hacia las caricias
y nuestros besos hunden el sopor y lo esfuman.

En el lecho desnudos, la piel enrojecida
o a veces nacarada después de las fatigas
que el furor del deseo golpea contra el aire
ensalmamos la débil presión de los latidos
y sentimos al tiempo caído a nuestros lados.

En el lecho, en el lecho, donde todo retumba
y donde el mundo suena como un tambor lejano
nos tomamos los cuerpos y espantamos la angustia,
sus espectros de niebla y sus sombras menudas.
En el lecho de nuevo redimimos la ausencia
con los sexos airados, incluso hasta que duelan.

En el lecho ejercemos la mejor inocencia,
la que accede a nosotros sin ninguna pregunta
y nos planta en el cielo del instante del duelo
solamente entre cuerpos atados al deseo.
En el lecho, en el lecho, donde comienza el mundo.

Amílcar Luis Blanco ("Parejas de mujeres" - 1915 - por Egon Schiele)