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jueves, 12 de junio de 2014

DESPERTAR






Volver del cielo, el agua, lo salvaje,
al aire suelto, al respirar, a  lo fluente,
surgiendo del hacer y la garganta,
mirar hacia el portal del horizonte
incorporar la luz al cuerpo, su deriva,
como si fuera viento que soplara el destino.

Andar junto a la orilla, minar la lentitud,
exacerbarla en su fósforo diurno mientras se sorbe
del pezón maternal la dulce leche ácida
y en esa desnudez esclarecida se reposa,
se espesa la materia de la vida,
mañida mariposa que se externa y se cuida.

El amanecer es un párpado que se levanta
sobre la pupila del mundo ya sin el lagrimeo del haber dormido;
un desperezarse esperanzadamente
entre las sierpes y festejos del olvido
mientras los ojos de la madre velan la vigilia
para que los óxidos de lo sucesivo se apaguen.

Quebrar la cáscara del sueño
para nacer al día reciente
y echarse lentamente el flujo de las horas
debajo del agua de la ducha
doméstico y humano y satisfecho.
Desde el paso embrionario sin cesar se amanece.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Paul Gauguin)