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domingo, 29 de junio de 2014

LAS NINFAS



Las deliciosas ninfas en  estado
de lúbrico apetito
secuestraron a Hilas bien amado
por Heracles. Su hermosura
le dio un cariz  cismático a la alegre aventura;
las ardientes sirenas lo gozaron,  vibrantes,
y aunque el dejara un grito,
eternidad le dieron  sus celosas amantes.

Eufóricas las náyades, soltando sus solturas,
se repartieron entre si al contrito
joven que al disfrutarlas no vio, ahíto,
junto a sus donosuras,
lo izquierdo paquidérmico moviéndose
en densas  espesuras,
y en aquél cautiverio quedó aherrojado un mito:
el de la eternidad satisfaciéndose.

Porque fueron los celos infundiendo amarguras
en los deseos puros de la eterna libido.
La enérgica pasión de Afrodita, el subido
calor carnal y rojo de sus ninfas oscuras
lo que ocultó por siempre al desaparecido.

Hacia la luz la seminal ofrenda
que el genital de Hilas en ellas puso entonces
determinó a su cuerpo esculpido o en bronces
perderse para siempre de la heráclica senda.

Amilcar Luis Blanco   "Hilas y las ninfas" - Fragmento por John William Whaterhouse)