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viernes, 27 de junio de 2014

TU ROSTRO






Hay retazos de tiempo en mis bolsillos,
detalles en mis manos que no cierran,
igual que en las canciones estribillos
o augurios de desgracias cuando aterran.

Quiero andar el camino que proponen tus ojos,
y promete tu boca y tus párpados sufren
y no puedo y en cambio me distraigo en antojos
y huelo mil basuras y tus labios me aturden

No encuentro los atajos, las maneras.
Descubro que la esfinge es un espejo.
No hay en tus comisuras tan siquiera
el asiento, el descanso, ni la espera.
Tu fisonomía es una máscara que te encubre y me alejo.

Y cuando compartimos
nuestro común prospecto de citas y abandonos
cada vez más minuciosamente nuestros rostros
se transforman en mapas desleídos;
en lo fugaz, ausente, transitorio.

Es que el ser en los rostros se abandona y trasciende,
deja huellas fugaces para usos momentáneos;
alegrías, tristezas, ansiedades, engaños,
de una energía ignota que se apaga o enciende.

Sin embargo tus ojos hieren como cuchillos
y tus labios me llaman como acostadas dunas;
las lágrimas en ellos mojan cantos de grillos
y derraman delirios de aljófares y lunas.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Thomás Saliot)