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sábado, 14 de febrero de 2015

FRIDA



Frida, mi corazón hubiera querido
estar contigo,
ponerse a tu merced
después del accidente brutal contra tu cuerpo.

Hay magnolias y días y calas retorciéndose.
Tlazotéotl reveló tus encantos tras el armazón del aluminio.
Meztli se asomó sobre su líquida luz de plata,
se asomó sobre el puente de tus cejas lobunas.

Y Diego milenario, oso de mieles entre avispas crueles,
atizó con su antorcha tu lenta desventura.
Porque vino a poblarte y despoblarte
y te hizo valva abierta y viva

Y después hubo otros y sueños y silencios.
Sobre todo dolor, anestesias de sórdidas vigilias,
edecanes durmiéndose en tus sombras.
Ayauhteol cerniéndose en tus claridades
extendiendo la bruma para guarecerte.

Hubo toda tu vida hasta tu muerte
y desde la pasión que incendiaba tu sangre
hasta la calavera, la osamenta,
el trasiego tardío de una muerte que todavía arde.

Amilcar Luis Blanco (Fotografía de Frida Kahlo)