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martes, 7 de diciembre de 2010

¡Alas! ¡Alas! ¡Alas, remos y alas!

Alas, alas, remos y alas,
para volar y navegar la altura,
ir sobre las ciudades
contemplar los rosarios de luces y de galas
desde la noche pura
sobre horas que horadan las edades.

Alas, alas, remos y alas,
las de ángeles raudos, las de atlantes,
para sortear esquifes y otros duelos,
en hospitales, cárceles y salas
como nuevos Virgilios, como Dantes
de avernos desde siempre sin consuelos.

Remos que vuelan, alas que navegan
y suelas que naufragan en las calles.
Andariegos del sol que nunca llegan,
desde extremas alturas y hondos valles;
aman, trabajan, sufren, luchan, pegan,
unos maldicen y urden, otros ruegan.

Vemos,
que necesitan alas y necesitan remos.

Alas, alas, remos y alas,
porque la vida sigue
para poder vivir mientras se vive
dejando de morir en tantas malas
sufrir y carecer en tantas buenas
e infligir en los cuerpos tantas penas

¡Alas! ¡Alas! ¡Alas, remos y alas!