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viernes, 10 de diciembre de 2010

Botas vacías de mujer (Dedicado a mi esposa Elsa)

Botas vacías de mujer creciendo,
baldías hacia lo alto,
en la barca voyante de la habitación,
con mi mirada abarcándolas.
Es como si te contemplara toda entera:
botas vacías de mujer creciendo,
alta y ubicua;
dromedario de la domesticidad
y mula de la tuerca noria extractora de cielo,
movida a fuerza de pasión,
a sólo pulso de muñeca.
Mujer alta crecida de las botas vacías,
casi como si bailaras pero detenida,
venida a más y a menos,
inmarcesible asta de tu rostro,
tallo de tí misma y tu melena,
sin maquillaje ni aspavientos;
asta de la mujer encinta
engullida por indiferencias sin cuento
y proseguida en críos ramalajes y augustos
hacia adultos sin miramientos.
Alta mujer venida en botas,
resistidora de los vientos
y de las sonrisas entre sombras que carcomen o flamean,
después de las batallas en las mesas o camas
y los censos barriales de canas;
construida enseguida de las procesadoras de tormentos
y lavadoras y hornos y telenovelas,
mates, cenas, almuerzos, ausencias y tiempos.
Botas sin nadie resistiendo
desde lunas, almanaques y advientos;
aguardando el cansancio y descansando
luego del recio día hasta que llegues
doble desde el suspiro y el incienso
para ponerlas nuevamente en vida
y luz y movimiento.
Botas aguardadoras de femeninos términos en cuerpos.