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jueves, 21 de abril de 2011

VIVALDI (Primavera y verano)

Cuerdas de los violines violan vientos
en agujas y torres y cadenas.
Antonios y Vivaldis y saetas.
Respiración de eternidad que fluye
como volcán bermejo, como geiser,
encendiéndose en fúlgidos silencios,
altos, gigantes, cada vez más altos,
mas verticales, góticos, agudos.
Vivaldi catapulta la hermosura.
Crece el aire, las cruces, los altares,
el colmo a suceder, la maravilla;
el milagro del cielo en la tristeza,
del cielo en la alegría;
en la frialdad abierta, en el estío,
Cuerdas de los violines en las tripas
en los trinos de pájaros, augurios
de gemidos, lejanas mansedumbres,
que se van explayando
y se encienden y apagan y dominan
en los distintos planos del sonido.

¡Vivaldi, la mañana se levanta!
Se construyen las largas escaleras
Que ascienden a las cimas de las tardes
Y teñirán de rojo los ocasos
Y de azul el comienzo de las noches
El aire se transporta en claridades
Se engastan las cenizas
Se aquietan en los lagos, en las fuentes,
las aguas que transcurren por el tiempo
Cada vez mas veloces y tangentes
Fluyen por horadadas galerías.
Ondas de luz se vuelven elocuentes
Danzan las torres, vuelan escotillas
Todo sube a torrentes, todo asciende
Ejecuta disturbios, tiende puentes
Hace cimbrear de árboles los vientres
Y pone flores de distintos tonos
En tiestos y balcones y praderas
Simientes de alegrías envolventes
Y armonías urgentes.