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miércoles, 1 de mayo de 2013

LA CASA




















Antes de ser la casa era la casa
que fluía en mis sueños.
Ahora es este sitio sin fronteras
por el que suelo ir hasta mi infancia
dejando mi ilusión al descubierto.

Las piezas, ya sin ellos, de los hijos
que comunican con el infinito;
el desayunador y la cocina
abriendo voces,  ruidos de cubiertos
y silencios y estruendos en barbecho.

El almenar en el que me refugio
cuando baten tormentas o tristezas
y las ventanas tras las que contemplo
soledades barridas por el viento
y  entrechocar de calles y de cielos
cerniéndose en la luz de mis silencios.

Capitán o grumete, marinero,
de esta barca que flota y que navega
por el tiempo interior y en las bahías,
húmedas escolleras para el ancla,
bambolea en el agua de las tardes
o a cuestas en sus costas navideñas
para raudos alcoholes cabrillea 
en un umbral de ocasos, cuando llego,
deteniendo presagios me detengo.

Amílcar Luis Blanco (Fotografía de Plaza del Olmo)