Google+ Badge

Google+ Followers

Seguidores

Translate

viernes, 31 de mayo de 2013

EXILIO







































"Pero vivo, sobre todo,
cuando consigues tomarme en silencio
en este cruento exilio de nuestras soledades"

                 Mayte Dalianegra

Amores, soledades, ilusiones,
crueldades y destierros.
Y una multitud de seres transparentes
con atisbos de sombras y colores
pisando nuestros pasos,
como la marejada que retira su espejo
bajo nuestros talones, nuestros pesos,
cuando nos detenemos absortos, vulnerados,
observando la luz en la arena mojada.

Y la crueldad destella en el viento vibrante,
aúlla en los oídos repartiendo sus lobos,
en los círculos áureos de los alrededores,
cercados de acechanzas y promesas.
Pero tú estas ahí, dentro de mi pequeño
y trémulo coraje. Y tu frente me llama
y me llaman tus ojos y entonces son mis manos
las que atraviesan todo lo que exista,
incluido el silencio,
sólo para tomarte y abrazarte.

Amílcar Luis Blanco  (Egon Schiele por Carmen Luna)

miércoles, 29 de mayo de 2013

TU AUSENCIA







Es circular tu ausencia,
me asalta algunas noches,
escarbándole grutas de azul a mi albedrío.
Vuelve como los días, la tos, el vino tinto,
tiene, ¿cómo explicarlo?
la tersa mansedumbre de la silla o la mesa
que recibe mi peso material y mutable.

Como escribiera Rilke, es la "terca
lealtad de una costumbre
que sigue a nuestra vera"

Aunque no la desee ni la espere
mi soledad es tu ausencia,
haberte conocido te incorpora
sin más a mis silencios

En realidad amarnos es aceptar el riesgo,
andar de nuevo juntos el camino,
después de recordarnos, muy minuciosamente,
las afrentas, los golpes, los entierros
en  que ambos estuvimos;
en suma, los fracasos.

Es transitar confiando en la espesura
del alma que nos ofrecemos uno a otro
sosteniendo la fe de que sus lindes
comuniquen sin fin al infinito;
el que habrá de absorbernos sin medida
y sin dudas siquiera, sin mirarnos.

Y aún si te imagino desdeñosa y de espaldas,
para calmar un poco mi ansiedad por tu ausencia
en realidad me basta con mirar tu retrato

Amílcar Luis Blanco ("Gala de Espaldas" por Salvador Dalí)

lunes, 27 de mayo de 2013

ASTURIAS




Atravesando el día la guitarra,
como una marioneta de  sombras danzarinas,
exponiendo sus cuerdas a las yemas
de dígitos punzantes o ligeros,
hija de la madera, hermana del violín y de la viola,
en el centro brillante de los grillos,
comparece.

Y las notas restallan como gotas de lluvia
sobre la luz del agua abierta al cielo,
al ojo,  a la pupila trémula del jardín.
El vibrato sostiene cada trozo de voz
y el acorde que flota, hecho ya escalofrío
descuelga transparente de las copas, las frondas,
hiriéndolo en instantes,
inacabable, el cuerpo del silencio.

Y las manos se trenzan con las cuerdas,
aprietan en los trastes empáticos cordeles,
y haciéndola de trémolos, gorjeos,
construyen la dovela que articula en su centro
el pubis y hasta el sexo de una donosa ausencia
que late sin cesar entre pinos y alerces,
desnuda e invisible cenicienta.

Todo converge entonces y me guía
al centro cenital de las montañas
a solares cabríos y montunos
y faldas escarpadas entre piedras
por las que cuela el agua sus regueros
sus cascadas de líquidos aceros,
su solución de espejos
y sus coplas de trinos y de cantos rodados.

Y aunque no la conozco sueño entonces
con Asturias, cantábrica entre peñas,
descendiendo del sol hacia el océano
hecha de turbas, minerales, sales,
igual a la guitarra que la escala
en sostenido trémolo y asciende
hasta las crestas duras donde cantan
las gargantas espléndidas del viento.

Amílcar Luis Blanco






sábado, 25 de mayo de 2013

CUANDO ERA NIÑO (Para mi nietita, Alma)






















Montado sobre la vida,
también sobre la noche.
Cuando era muy niño
jugaba a la avanzada del cariño
sin importarme que las cornisas llorasen silencios.

Cuando era niño montaba sobre los días de la vida,
sobre las noches de la vida,
en un galope lento, de cascabeleo,
y no me importaba que el culo de las sombras
cayese sobre los ángulos agudos de mi alegría.

Porque sobre todo era la risa,
sus encajes de lirios y azucenas
y también el suspenso de la horas
de las que me colgaba con mis ojos.

Estaba entonces apegado al suelo,
sentado en lo rampante y ceniciento
y mis pequeñas manos se metían
a desbrozar aristas de númenes sedientos.
Todo me provocaba y me latía
en los labios, la frente, los reflejos.

Una fuga frutal se desvivía
por darme los sentidos, los encuentros.
Un mundo que inclinaba su agonía
para mostrar sus triunfos a mi aliento.

Amílcar Luis Blanco (Fotos con mi nieta, Alma y mis hijos. Alma - 2 añitos y medio- es hija de Julian que vino de España a la Argentina hace 1 mes, en abril y ya regresó a Madrid)

jueves, 23 de mayo de 2013

TU CUERPO























¡Ah, tu cuerpo cayéndose en tu cuerpo!
Tu cuerpo solitario ya, de bruces,
dejado el atavío, en desconcierto,
echado sobre el día como sobre un tejado,
en la azotea lisa del silencio
y en el tiempo.

¡Ah tu cuerpo, tu cuerpo todo sexo!
Ancestral, visceral y belicoso,
lamiéndose el encuadre de los días,
deslindado de todos los alcoholes
y de los mobiliarios que lo encienden,
lo apagan y lo guían.

Tu cuerpo, solución de las mañanas,
espejo en los anversos de la nada,
puliéndose entre sombras y canteras
de urbe transparente que pululan
al lado de tu carne como insectos.

¡Ah, tu cuerpo tañéndose en tu cuerpo!
Igual a una campana, en muda desnudez,
en la ebriedad surgida del letargo,
aliviado del río de las horas,
hecho de mansedumbre de pantera,
fingiéndose invisible,
volumétrico, dócil, olvidado.
¡Rey en la caravana del deseo!


Amílcar Luis Blanco (Egon Schiele "Mujer con turbante gris")

OTOÑO























"Deshójanse las copas otoñales
del parque mustio y viejo.
La tarde, tras los húmedos cristales,
se pinta y en el fondo del espejo."

                     Antonio Machado

La tarde se contempla ensimismada
en su numen de adiós, en su infinito.
El aire es una fría llamarada,
el otoño caída y apetito.

Es el tiempo cerniéndose en los pinos
coloreando el antiguo despojarse,
del oro y de la luz al alejarse
hacia el lampo horizonte en los caminos.

Es el gris, las ojeras verdinegras,
la hojarasca, en los céspedes amenos,
pero en el corazón las blandas hebras
de una exterioridad yéndose a menos.

Porque dentro de uno caen los días
iguales a los álgidos colores
que el sol aviva en las vibrantes vías
del ardiente recuerdo de las flores.-

Amilcar Luis Blanco ("Bosque en otoño")

lunes, 20 de mayo de 2013

SOMOS EL OTRO




























“ …si somos la misma cosa, tú, yo,
soldado si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo.
Por eso soldado yo, no he de malquererte tú …”

                          Nicolás Guillén





Somos el otro permanentemente.
El otro sin coherencia, sin guarida.
Y aunque cambie el color, la misma herida
nos hace iguales dolorosamente.

Marchamos juntos hacia igual salida,
Nuestro sufrir, gozar, no es diferente
Sólo nuestro egoísmo hace doliente
el distanciarnos siempre sin medida.

No nos damos la cálida acogida
El abrazo interior y deferente
Somos constelación en despedida,

fragmentada en adioses. Imponente
el desamor nos gana la partida
Nos damos soledad y mutuamente.

Amílcar Luis Blanco ("Los adioses" por Umberto Boccioni)

ROMANCE DEL SUEÑO
















Anoche mientras soñaba
puse mi beso en tu beso
Latió nuestra luz, hablaba
en el silencioso acceso
que mutuamente nos dimos
en arco de carne y hueso.

Uno en el otro pusimos
en el sueño la esperanza
y si un solo cuerpo fuimos
en menesterosa alianza,
en ese instante infinito,
la tierna comunidad,

nos llevó en silente rito
a sentirnos sin piedad
traspasados por el grito
de la doliente ansiedad,
de desearnos sin medida
entrándonos sin salida
con blanda docilidad.

Amándonos de verdad
y estando siempre a distancia
duele desear, duele el ansia,
como una necesidad.
Por eso mi suspirar
Y mi alivio al despertar
de mi absurda extravagancia.

Luego, ya en vigilia, luego,
evoqué la magia clara
de nuestro solar apego
de unión combustible y rara
tuteándose con el fuego.


Amílcar Luis Blanco  ("El beso" de Egon Schiele)

viernes, 17 de mayo de 2013

Sube mi corazón





Sube mi corazón hasta las cimas cuando evoco
ese amor tan efímero y angustia,
parecido al flamígero lucero,
al borde de la aurora en el horizonte
y a los trinos y piares y gorjeos
en el audir violín de la mañana volando ya costados de universo.

Ese mirar hacia lo oscuro mío limpiándome tinieblas,
que de ti provenía convirtiéndote en una madona rediviva,
alegrándome en luz iridiscente, aurigas amarillas y distantes
de relámpagos, flashes, transparencias y atmósferas y dientes.
También lo blanco ardiendo en tus sonrisas
mucho mas que en las lunas todavía,
por su azul, su celeste, su destierro y sobre todo
porque de mí tiraban, de mi corazón,
como de una chalupa desde un camino de sirga
hacia la desembocadura de un océano de mediodía
después de haber pasado por lo umbrío bajo las axilas del bosque y su ojo de cíclope.

Hay un sufrir tu ausencia latiendo en mi garganta y en el temblor de mis pupilas.
Hay un llorar transido que te sueña y cae afuera de mi cuerpo de leño palpitante.
Hay un dolor como una puñalada de tronco rojo
sobre el espeso verde y te invita a yacer y a pesar en su desnudez
Un potente vacío, en el  esperan y acechan mis oídos mis ojos y mi olfato.

Sube mi corazón hasta la espuma de un champan agitado
porque no te conoce y se ha quedado absorto y congelado;
es un niño que llora en la tiniebla con su diestra extendida abandonado,
metido súbitamente en el infinito de la soledad.
El por qué traicionero de la ausencia nadie se lo ha explicado.
Entonces llora naturalmente llora como cuando la lluvia llueve
o el viento sopla o nieva la nieve o la penuria pena y duele.

Sube mi corazón del alba a la mañana al mediodía y a la tarde;
suenan sus campanadas de sangre batiéndose también hacia la noche,
internándose en las sombras sueltas que ocupan los senderos del espacio
hasta volver los soles en estrellas pequeñas, en pavesas.

Amílcar Luis Blanco (Gianfranco Piazzini "Espacio exterior" Oleo sobre lienzo)

BOEDO

Ese imponer un texto de neblina
y empedrado en color y fantasía;
otrora de los carros sinfonía.
Encallamientos de álgida marina.

Humos de ayer y hoy en la sentina
evocadora de los desengaños.
Ecos de voces cuchilleras y años
curtiéndose en semblante y brillantina.

Pantorrillas ebúrneas de las minas,
de los malevos y de los geranios
y los malvones y las cinacinas.

Y en los umbrales arduas alegrías
debidas a los baños de las finas
lloviznas grises y otras fruslerías.

Amílcar Luis Blanco

NECESIDAD























Necesidad, qué difícil emplazar tu engranaje
y ejercitar mi amor ilusionado.
Surges como descubrimiento recordado;
tus lenguas anfibias tañen a gusto mi cordaje.

Así decía mientras que mi anclaje
movilizaba hacia lo proyectado
lo inerte de mi ser hacia lo dado
en acción de dialéctico linaje.

Ahora entiendo que soy lo que ya traje
y transformo incesante en lo creado
moviéndome hacia un fin y mi equipaje

es lo que medio y lo mediatizado,
mi gozo así y aún hasta mi ultraje;
abren, cierran mi vida en cada estado.

Amílcar Luis Blanco ("Campamento de Juventud" Oleo por Daniel Santoro)

jueves, 16 de mayo de 2013

ÉGLOGA PARA LA INDIFERENTE



"!Oh, más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea!
Estoy viviendo y aún la vida temo.
Témola con razón pues tú me dejas ... "

Garcilaso de la Vega

No digiero tu adiós y no asimilo
ese constante azar del sentimiento
que me ha dejado a la intemperie, en vilo,
del amor que me diste y de su aliento.-
Por eso al exterior de ti me siento
vacuo y  preñado de desilusión.
Y ahora doy en parir el desengaño
desde mi corazón, para mi daño,
pues las aristas y los filos crueles
de su  corporeidad son la cibeles
y lo lastiman  en agraz, en tensa
parición de harta, absurda criatura,
cual madre tierra de cintura extensa
apta nomás para la desvergüenza
y ausente al fin de toda la ternura.
Pues espesas mi angustia, me maltratas,
y me arrojas al sitio irrespirable
en el que si no me muero tú me matas
haciéndome la vida insoportable.

Amilcar Luis Blanco  ("Odalisca" por Kiera Malone)


miércoles, 15 de mayo de 2013

DESAMOR































"Los hombres, a collares sin filamento,
han perdido el amarse
o bien se lo utiliza para confeccionar afiches..."

Amílcar Ovidio Blanco.


En el frío del ser, en la estulticia,
se genera el abismo cotidiano,
cuando el amor se quiebra en cada mano
y se hace el folletín de una caricia.

Y nadie mira y menos la Justicia
lo valioso del sueño sobrehumano
tratando de construirse soberano
más allá del temor y la avaricia.

Nadie templa la lira ya en el vano
del edificio gris en el que envicia
la rutinaria vida en lo malsano

de vivirla sin luz y con malicia.
Esquivos al amor fugaz, humano,
enfangados en odios y sevicia.

Amilcar Luis Blanco ("El descendimiento" de Caravaggio)

martes, 14 de mayo de 2013

Debes saber

























Debes saber que sufro tu mutismo
y extraño aún la luz de tu sonrisa,
la rediviva sal de mona lisa,
tus ojos de ámbar y tu agnosticismo.

Debes saber también que soy el mismo
y al costado del  mar se me desliza
una esperanza aliándose a la brisa
boreal con un platónico idealismo.

No habrá olvido jamás, tampoco abismo,
precipicio fatal, ni habrá ceniza
para mi atemperado paroxismo.

Anónimo el amor se corporiza
transido en cada ser, trémulo sismo
que en mi fuego interior tu adiós atiza.

Amílcar Luis Blanco (Oleo por Bryce Liston "Woman nude")


ASCENSO A LA MONTAÑA
























En la cumbre polar de la montaña
abre la luz al espectral vacío
de la escarpada cuesta  lo bravío
del bosque, confundido en la cizaña.

Entre pinos altivos la espadaña
prolifera en agraz, y junto al río
la amarilla hojarasca en desvarío
dona silencio y paz a la maraña.

Los gorjeos, los trinos, lo sombrío
y la brisa glacial como guadaña
ponen en mis sentidos su extravío.

Y algo en mi de la sórdida alimaña
sube la cuesta en medio de lo umbrío
y la bestia desnuda me acompaña.-

Amílcar Luis Blanco (Foto de "Los alerces" en "El Bolsón", Río Negro, Argentina)

lunes, 13 de mayo de 2013

EN LA MONTAÑA
















Me detengo, camino por el valle,
contemplo picos confundidos con nubes,
avanzando o detenidas contra basaltos escarpados,
muros cayendo a pique sobre faldas de bosques
y porciones de sol y de silencios
y rastros de sigilos y tinieblas,
huellas de los vientos helados y lágrimas del cielo
y las puntas ariscas de las colinas blancas en la altura
y los grises, los grises, sus cortezas desnudas
yendo a fisonomías esculpidas por siglos.

Sin medida la altura construyendo 
la paciente vigilia, los raudales de piedra verdinegra,
de roca amarillenta y rosáceo granito,
y de pulidos cuarzos y caminos que ascienden,
vertederos de lluvias entre pinos cipreses descendiendo
hasta lagos flanqueados de arrayanes,
de orillas transparentes y de cantos rodados
donde la luz enciende las gamas del otoño
en las hojas caídas y las copas vibrantes y tupidas
por las que el viento silba y gime y silabea.

Y el alma desfallece porque entiende,
sumando en un fragmento  la ecuación de belleza,
la imponente grandeza total de las montañas
y extravía de pronto sus brújulas activas
sus libros de bitácora asaz insuficientes
para intentar siquiera plasmar sus impresiones.
Y el corazón bombea y me recuerda
que estoy hecho de sangre y de agua y de viento
y que soy pasajero fugaz y menos libre
que los cóndores negros que cruzan y planean
en la imponente altura cernida sobre el valle.
Pero mis ojos viven y laten y contienen
mis pulmones respiran el aire de sus vuelos
y subo paso a paso la ladera escarpada.

Amílcar Luis Blanco (Postal del valle de "El Bolsón" en Río Negro, Argentina) 

viernes, 3 de mayo de 2013

LLUVIA DE A DOS (A mi hermano Fernando)




















Llueve sobre nosotros el origen,
en la ciudad incendiada
el agua en que vinimos.

Solíamos caminar fumando el cielo,
y pisar su esplendor sobre el asfalto,
lluvia de a dos entonces.

Félidos detenidos contemplando
el revés de los parques.
Nuestras respiraciones al unísono.

Lo umbrío siempre lejos
transformado en adiós por la garúa
y el gris iridiscente que estallaba.

Ya no estamos igual en el descenso
de este pluvial alud antes fraterno
ahora grave y fatal a nuestras almas.

El voluptuoso atardecer inventa
otras lluvias dispares y destinos
donde escampa la ausencia.

Amílcar Luis Blanco ("Lluvia, paisaje urbano, paraguas, personas" por Ernest Descals)

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA CASA




















Antes de ser la casa era la casa
que fluía en mis sueños.
Ahora es este sitio sin fronteras
por el que suelo ir hasta mi infancia
dejando mi ilusión al descubierto.

Las piezas, ya sin ellos, de los hijos
que comunican con el infinito;
el desayunador y la cocina
abriendo voces,  ruidos de cubiertos
y silencios y estruendos en barbecho.

El almenar en el que me refugio
cuando baten tormentas o tristezas
y las ventanas tras las que contemplo
soledades barridas por el viento
y  entrechocar de calles y de cielos
cerniéndose en la luz de mis silencios.

Capitán o grumete, marinero,
de esta barca que flota y que navega
por el tiempo interior y en las bahías,
húmedas escolleras para el ancla,
bambolea en el agua de las tardes
o a cuestas en sus costas navideñas
para raudos alcoholes cabrillea 
en un umbral de ocasos, cuando llego,
deteniendo presagios me detengo.

Amílcar Luis Blanco (Fotografía de Plaza del Olmo)