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lunes, 10 de febrero de 2014

HACE CASI DOS MIL AÑOS




Hace casi dos mil años Pompeya, sus viandantes, las familias,
bajo un alud letal de rocas ígneas, gases y cenizas, quedaban sepultadas.
Las pasiones que ardían en los cuerpos de agua fervorosa y humana
quedaban detenidas en pos de las acciones proyectadas
iguales a nenúfares de piedra que se hundieran bajo un día de hipnosis,
bajo un día como todos los días pero alzado contra el río del transcurso,
el sediento y devorador torrente, deglutidor de andares y apariencias
y de modas, infamias y ternuras y calmas y tormentas y sombras y reptiles.

Fueron tres días en realidad de alzada rebeldía.
El planeta escupió, drenó por agujeros abiertos en su epidermis mineral
la incadescente lava de su vida de fuegos encontrados adentro de la piedra,
allí donde se funden los metales y copulan con rayos de máximo voltaje.
Tres días hechos noches, de atmósferas de sombra pesada y polvorosa
abrazando los cuerpos laxos de los amantes en los hervores trémulos del sexo
allí donde la especie se concibe y propaga y el embrión de su vida
agujerea el tiempo y se convierte en mundo latiente y se erige en estatuas.

Amilcar Luis Blanco  (Este estilo de pintura romana, hallado en Pompeya, se desarrolla desde mediados del siglo II antes de cristo hasta principios del siglo I después de cristo, todavía en época republicana)