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viernes, 14 de febrero de 2014

RELOJ DE ARENA MIENTRAS ESCUCHO AL CIGALA

¡Ay, los segundos duros del reloj!
Los segundos.
Y los minutos y las horas.
Esa ansiedad constante
que hace de la garganta
un desierto de arena.

¡Ay, los instantes tercos cayéndose!
Yéndose por el hoyo si remedio,
cayendo al pozo circunspecto
por el poro del tiempo, el agujero,
mientras escucho música líquida,
fiesta líquida en la voz del Cigala.

Reloj de arena mientras escucho al Cigala,
de arena yéndose al opuesto alambique,
de arena imperceptible y numerada,
para mí numerada únicamente,
para mí numerada escuchando el piano,
la guitarra, el repique del tambor y el platillo
el bordoneo conspicuo del bajo.

Amílcar Luis Blanco