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domingo, 2 de febrero de 2014

A LA MUSA








Tú que enciendes el río y el ocaso
como una tarde buena
y en tu risa de fuga y azucena
me llevas a las lindes del Parnaso.

Tú que siempre, en la noche, paso a paso,
haciéndome desear la vida plena
y el rítmico eslabón de tu cadena
me cuitas cuando el gozo viene escaso.

Que abriéndome los surcos de la pena,
mostrándome las causas del fracaso
instruyéndome siempre sin condena,

misericorde, entre la luz y el raso,
me sonríes como una macarena.
Déjame que me inscriba en tu regazo.

Amílcar Luis Blanco