
Esta mujer de mármol de magnífica pieza,
se lleva en sí la gloria y el sentido,
la carne blanca, ebúrnea, lo esculpido,
y una intención lasciva que no cesa.
Y es por verla crecer en su belleza
que he quedado suspenso y detenido,
mirándole sus miembros y ese velo ceñido
cubriéndole la mano en su leve corteza.
Parece que una media se quitara sin ruido
y en sus perfectas piernas y muslos la llaneza
amoldado se hubiese y también desuncido.
Caderas, vientre, senos en robusta destreza
que el escultor moldeara ardiente y atrevido
parecen todavía bruñir su espuma ilesa.
Amílcar Luis Blanco (Escultura de Robero Manzano)
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