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jueves, 27 de febrero de 2014

BELLA

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Bella, extendida sobre lo desdeñado,
juegan tus pies con hojas y cerezas,
grupa, lordosis,  nalgas y cortezas
con tu sonrisa bruñen tu costado.

Bella y embriagadora, en tu cuerpo callado
encallarán  penumbras,  naufragarán tristezas,
y  tus altos empeines, pantorrillas y fresas,
quedarán  para siempre en el lienzo pintado.

Y quedará el pudor apenas insinuado
porque pese a tu pose y tu sonrisa ilesas
lo has en tus  pestañas  refugiado.

Fría hoguera que irradia sus pavesas
más allá de la tela y lo pintado.
Tu desnudez traspasará tus cejas.




Amilcar Luis Blanco (Pintura de Konstantin Kacev)








SONIDO DE CIUDAD






Estallan las palabras y las voces
en la eufonía de los gorjeos
en  crujidos de  grúas y de flejes,
y quejidos  elásticos y atroces,
círculos y devaneos,
largos ejes,
ronronean conspicuos los  motores
entre los contoneos de las flores.

La ciudad se articula en las sirenas,
en los duendes del aire, la bocinas,
los silbidos del viento
y un crepitar de hornallas como penas,
marimbas y sordinas
y una parra desnuda su sarmiento,
trémulo entre tambores  cornetas y violines,
desembala trompetas y nardos y jazmines.

Un clamor se desbanda;  fútbol en los estadios
y frenadas chirriantes y campanas,
en el freír abierto de las radios
fuga de las ventanas.
El sonar bandeirante de las gaitas
Los aullidos, las sierras, los ladridos,
desparraman sentidos
de haber vivido duelos entre taitas
Somnolientos o raudos bandoneones,
lentos, cautos, alivian las tensiones.

Y la trepidación de las turbinas
de los jets, sobre escándalos y ruinas
de un rock violento y un golpear de mambos.
Un vaivén mece cumbias y  boleros,
y hasta sinuosas curvas en los tangos,
y en ligeras milongas y  entreveros.
Estruendo en la ciudad y las baldosas
en asfaltos, balcones, entre gentes y cosas;
residuos de los tiempos desiguales
y sombras de otras sombras siempre menesterosas.

Amilcar Luis Blanco ("Pintura de Ciudad" por Van Tame)


martes, 25 de febrero de 2014

Me voy al rio, a vos . . .







Me voy al río, a vos, por cuanto creces
bajo la siempre luz, en la espesura
y porque aún transcurres, te apresura
el turbio mar donde desapareces.

Mezclo mi  ser al tuyo y me estremeces
con densidad de un agua más oscura;
hembra que me recibes con soltura
y preñada después me desvaneces.

Me voy a vos mujer como agua pura,
hacia tu cuerpo líquido y me meces;
nalgas y ancas, algas y arboladura

marina y ancestral, madre de peces.
En vos la promisoria nervadura
da un porvenir de sol y me enriqueces.

Amilcar Luis Blanco (Obra pictórica de Patricia Cruzat Rojas)

Tu cuerpo entre la hierba





Voy a buscar tu cuerpo entre la hierba,
cuerpo, cuello y tu nuca que las palmas
de mis manos tuvieron en la acerba
ocasión en que el llanto
partiera nuestras almas.

Voy a buscar bajo hervoroso manto
el calor de la vida que dejamos
en las hojas, la tierra, aquel amianto
de la dura tristeza
sobre la que  lloramos.

Voy a buscar y hallar tanta certeza
entre la agreste fronda irresistible
pues servirá de alivio y fortaleza
buscarte en el ardor
del hontanar sensible.

Porque en el suelo estuvo tu candor
y también el revés de tu mirada
y estuvo tu agua tibia de dolor
surtiéndome ternura
tendida en la enramada.

Te buscaré sin tregua en la espesura
como a cifra magnética encallada;
como a destello en  hierba constelada
donde estuvo empapándose tu cuello,
la intensa opacidad de tu cabello.

Amílcar Luis Blanco ("Dos figuras en la hierba" Pintura de Francis Bacon)

viernes, 21 de febrero de 2014

LAS CONFESIONES DE DIANA CAZADORA







El escaño invisible de la nada
me tienta el ascender.
Siempre a lo alto.
Como si se pudiera ver
más allá de la propia mirada
y despejar la maraña abriéndole el ansiado rumbo.

Forzar a lo visible y superarlo.
Ir hacia el sol del pálpito y la gracia;
ámbito de la intuición,
del cielo diáfano del tigre,
de un horizonte bebedizo y móvil.

El del joven Enrique por ejemplo.
Lo vi crecer igual a un tallo tierno
y hoy activa mi sangre con impulso de fiera.
Lo poseo y lo guío. Me obsesiona
y cabalgo sobre él y enloquecida
le extiendo mi potente y absorbente textura

En las ampollas de agua de la tarde
reverbera el ocaso golpeándoles los ojos
y una inquietud de insectos las rodea
y mis fieras o posan o retiran
los elásticos miembros del tapiz de la hierba.
Hago a mi vez lo mismo que mis fieras.

Se saben y se sienten observadas
hasta que al fin con luna les muerdo los hocicos
con un aire salino y ceniciento y las llevo a la sangre,
al hilo rojo de la vida tibia que late en sus distancias.
A mi me sabe a cielo la acritud más amarga
cuando pongo mi boca en la flor encendida de su boca.

El bosque es escarpado tanto como los días
sobre todo en la Corte que me asedia
y camino desde el alba hasta el lívido baño de la luz
que resbala hacia el negror estrellado
buscando corazones para embeber mis dardos.
El corazón de él me bate el pulso y me enciende la sangre
por eso y a su lado estoy y lo entretengo.

Siento una sed absurda y consecuente.
Me hermana con las bestias y me apura.
Y el fulgor de esa sed se enciende entre mi carne
y me empapa de celo y obsesiones
y vigilo y atisbo, hiero y mato,
para espabilar la sombra de mis dudas.
Yo soy Diana la Luna, la terca cazadora.

Amilcar Luis Blanco (Diana de Poitiers, Duquesa de Valentinois, Señora de Fontainebleau, La Gran Senescala)


CONTINUIDAD






La Verdad, el Tiempo y la Historia.jpg

Uno no es el espectro proyectado;
el ser imaginario surgido de la historia
de alguien que parió de su memoria
a otro alguien inactual o ya pasado.

Soy el que fui, me palpo, estoy sentado
pensando este poema en vana gloria
¿Sólo por ello soy, por ésta euforia
de pensar y escribir y haber pensado?

¿ Hay acaso algo más que trayectoria,
ese irnos sin volver, precipitado?
Sólo el silencio gira en ardua noria

al parecer eterno y externado,
fuera de mí, que observo la victoria
del tiempo sobre todo lo creado.

Amílcar Luis Blanco  ("La verdad el tiempo y la historia" - Francisco de Goya)



miércoles, 19 de febrero de 2014

MELPÓMENE









"Melpómene la musa de la tragedia viene
¡Oh! y esta noche el viento no se que ritmo tiene..."

Arturo Capdevilla


Levanto el velo que te tiene atada,
ese que nunca vez, bajo su celo
de ser, que oculta el fino dardanelo
entre un mar y otro mar en tu mirada.

Inadvertida por tu propio anhelo,
fagocitada, absurda, siniestrada,
eres la musa dura y recatada
y obturas a mansalva todo cielo.

Apareces de pronto encabalgada
en la desgracia que se monta a pelo
para dolernos en la caballada.

Esa que marcha en tropa sin consuelo
y enluta el sol y el alma no entrenada
para sufrir su herida en cada suelo.

Amilcar Luis Blanco  (MELPÓMENE (Μελπομένη "La melodiosa" Oleo sobre lienzo por Garcus)

martes, 18 de febrero de 2014

El vuelo del moscardón - Nikolai Rimsky-Korsakov

EL VUELO DEL MOSCARDÓN




Algo vuela en el centro de nosotros,
un parpadeo lánguido, vibrante;
la fuerza de un tropel equidistante
del logos y la lágrima y los otros.

Un equilibrio de soberbios potros
cuyas riendas aferra vigilante
en un radio acotado y circundante
un jinete endiosado de quillotros.

El moscardón, el abejorro, errantes,
zánganos con deseos, sin destinos,
vuelan en direcciones aberrantes.

Víctimas son de sus letales sinos
alrededor de hembras anhelantes
y alimentan progenies y caminos.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Dino Masiero Sauber- "El vuelo del hombre lunar" - Oleo sobre tela)

viernes, 14 de febrero de 2014

RELOJ DE ARENA MIENTRAS ESCUCHO AL CIGALA

¡Ay, los segundos duros del reloj!
Los segundos.
Y los minutos y las horas.
Esa ansiedad constante
que hace de la garganta
un desierto de arena.

¡Ay, los instantes tercos cayéndose!
Yéndose por el hoyo si remedio,
cayendo al pozo circunspecto
por el poro del tiempo, el agujero,
mientras escucho música líquida,
fiesta líquida en la voz del Cigala.

Reloj de arena mientras escucho al Cigala,
de arena yéndose al opuesto alambique,
de arena imperceptible y numerada,
para mí numerada únicamente,
para mí numerada escuchando el piano,
la guitarra, el repique del tambor y el platillo
el bordoneo conspicuo del bajo.

Amílcar Luis Blanco

DIEGO CIGALA TANGO LIVE IN REX by fawziking

Amy Winehouse - Valerie - Live HD

LA POESÍA DE CADA UNO



pintura-realismo-poetico


No hay métrica, conteo de sílabas, armonías,
que nos sirvan a todos para escribir poesías.
El poema desciende
al pozo profundo
de lo inconsciente,
todavía yaciente,
entremezclado con lo actual de este mundo
y es siempre subjetivo y envolvente.

Tal la mujer desnuda que deseo
por la que voy cayendo lentamente
con verso libre o blanco o como sea
porque quiero atraparla en mis palabras.

Y es difícil salirme del conteo,
salirme del idioma,
de su ritmo y cadencia.
Lo original es ella y lo que de ella diga
en el cómo empleado me la debe volver
igual que en la pintura,
debida en este caso a Tordesillas.

Pero baste mirarla,
mirarla, recorrerla y encendernos
para sentir la luz que la ilumina
y en su engaste ese cuerpo y ese rostro
en posición magnética y sublime
para los cinco sentidos y para el de lo inefable
adonde cae el sol de la poesía.

El descenso virtual de este calvario,
de este modo sensual e imaginario
de ser que se repite y nos reclama
más allá de nosotros
es siempre misterioso
tanto como una bella mujer desnuda.

A veces la métrica y la rima,
no me dejan en paz y me encorsetan.
Es difícil escribir versos blancos, versos libres,
pero eso lleva a la búsqueda de la autenticidad
iluminadora, mágica, develadora,
del uno mismo que hay en uno mismo siendo el otro,
el que forma parte de la tribu.
He dicho.



Amilcar Luis Blanco (Pintura de Antonio Tordesillas)

lunes, 10 de febrero de 2014

Este estilo de sombra







Este estilo de sombra incontrolable,
de sombra regresando de la nada,
hecha cuerpos amantes, dibujada,
testigo es hoy de todo lo inhallable.

Los tibios senos, el amor palpable,
el delicioso pubis, la mirada
del amante al caer sobre la amada,
quedó en el lienzo mudo y espectable.

La brasa en la tiniebla, el inefable
candor de los deseos y la airada
resolución de dos, irrefrenable.

Lo que eterniza en suma concentrada
el ser del haber sido inexcusable;
en lo oscuro la luz exacerbada.-

Amilcar Luis Blanco

HACE CASI DOS MIL AÑOS




Hace casi dos mil años Pompeya, sus viandantes, las familias,
bajo un alud letal de rocas ígneas, gases y cenizas, quedaban sepultadas.
Las pasiones que ardían en los cuerpos de agua fervorosa y humana
quedaban detenidas en pos de las acciones proyectadas
iguales a nenúfares de piedra que se hundieran bajo un día de hipnosis,
bajo un día como todos los días pero alzado contra el río del transcurso,
el sediento y devorador torrente, deglutidor de andares y apariencias
y de modas, infamias y ternuras y calmas y tormentas y sombras y reptiles.

Fueron tres días en realidad de alzada rebeldía.
El planeta escupió, drenó por agujeros abiertos en su epidermis mineral
la incadescente lava de su vida de fuegos encontrados adentro de la piedra,
allí donde se funden los metales y copulan con rayos de máximo voltaje.
Tres días hechos noches, de atmósferas de sombra pesada y polvorosa
abrazando los cuerpos laxos de los amantes en los hervores trémulos del sexo
allí donde la especie se concibe y propaga y el embrión de su vida
agujerea el tiempo y se convierte en mundo latiente y se erige en estatuas.

Amilcar Luis Blanco  (Este estilo de pintura romana, hallado en Pompeya, se desarrolla desde mediados del siglo II antes de cristo hasta principios del siglo I después de cristo, todavía en época republicana)

LA ESPERA





En el sopor de la espera nos desencuadernamos,
los folios por su cuenta se desmayan
convertidos en tiempo o sucesión de instantes
y los ojos hipnóticos se pasean sobre abdómenes
y glúteos y nalgas y muslos y pantorrillas y cabezas
hasta que la boca incurre en el bostezo
y la imaginación se pierde en una caravana
hacia las memorias de lejanas dunas y menesteres imposibles.

En el sopor de la espera nos desesperamos
y exfoliamos las dudas capa a capa
siendo ya la epidermis transparente que recubre la mariposa de la voluntad
próxima a renacer cada vez que se abre la puerta o nos miran
y la luz nos apunta y se transforma en la flor del deseo
y una arena sutil casi ceniza cae sobre las techumbres y las testas
queriendo eternizarnos cual si fuéramos pompeyanos en el año 79
y entonces rompemos a volar inadvertidamente y nos confundimos con el viento.

Amílcar Luis Blanco (Fernández Murga, Félix, Carlos III y el descubrimiento de Herculano, Pompeya y Estabia . . .)

viernes, 7 de febrero de 2014

Pueblo fantasma






Sombras de golondrinas aletean
en el pueblo sin fin, abandonadas,
y en las calles enhiestas las fachadas
enmudecen de pálpitos, marean.

Los espasmos del viento se golpean
con persianas y puertas que, golpeadas,
fingen vaivenes de donosas hadas
y hamacándose  flojas se florean.

Hay fantasmas, secretos, hondonadas
y voces de gargantas se aparean
en gorjeos de picos y de espadas.

Y en la sórdida lucha se voltean
copas, botellas ebrias y charadas.
Ladridos de silencio las arrean.-

Amilcar Luis Blanco (Fotografía de "Accés a Maians")



jueves, 6 de febrero de 2014

Paciencia del vivir



















Esto de ser los lentos animales
que atravesamos el exacto día
como el ojo certero de la aguja
que absorbe sin sorpresa
al dromedario bíblico
nos da un destino árido, de arenas.

Paciencia del vivir que nos resigna
y guarda cada noche en cada cama,
frugales y fungibles, sucesivos,
no obstante la consciencia transparente
de estar cayendo al hoyo de la nada,
al volumen vacío que volteará hacia arriba.

Y nos duelen las caras y los cuerpos
y nos duele la sombra y el espacio
que penetra en nosotros hecho tiempo y nos gasta
y nos va devanando, tornándonos espectros,
moliéndonos con peso de desgracias y apremios;
canículas y fríos que hacen de  arena rocas.

Amílcar Luis Blanco ("Desocupados"-1934-Temple sobre arpillera- pintura de Antonio Berni)


lunes, 3 de febrero de 2014

Inundado de sitios ...



















Inundado de sitios y de esperas,
desesperado al fin por tus trofeos
imposibles, por tácticas y arreos,
opté por aferrarme a tus maneras.

Vengo de sufrimientos y quimeras
y consumo mi ser en escarceos,
el vuelo soy después de los gorjeos,
la semilla en reposo y en las eras.

Viento enredado en tus enredaderas.
Agua de amor y mar, flojos pareos
cubriéndote las álgidas caderas,

Eres la que provocas mis mareos;
mis chispas y  pavesas, las hogueras,
en la pira sin fin de mis deseos.

Amílcar Luis Blanco


domingo, 2 de febrero de 2014

A LA MUSA








Tú que enciendes el río y el ocaso
como una tarde buena
y en tu risa de fuga y azucena
me llevas a las lindes del Parnaso.

Tú que siempre, en la noche, paso a paso,
haciéndome desear la vida plena
y el rítmico eslabón de tu cadena
me cuitas cuando el gozo viene escaso.

Que abriéndome los surcos de la pena,
mostrándome las causas del fracaso
instruyéndome siempre sin condena,

misericorde, entre la luz y el raso,
me sonríes como una macarena.
Déjame que me inscriba en tu regazo.

Amílcar Luis Blanco