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jueves, 7 de mayo de 2015

EUCARISTÍA LAICA




En el set del canal de tevé,
reunidos en lo ameno,
alrededor de las palabras,
junto al banquete,
hablando, 
pero sin decirse nada
los comensales evocan 
algo de lo sagrado.

Hablando, sí,
para que nada cambie.
El correcto político no quiere
hablar de política
y los demás comensales
admiran su silencio y su corbata,
con la que secretamente
él piensa estrangularlos.

Y él o la stripper invitados,
unívocos y unánimes
en su admiración a la corbata,
no tienen por qué desnudarse,
están para que la audiencia los desee.
La señora anfitriona ataviada de reina
jamás dirá una mala palabra,
tampoco la verdad
y enfrascará a todos
en una amable charla pasatista.

El militar invitado levantará su copa
brindando por la paz.
Y el obispo de turno bendecirá la mesa
y  los comensales.
Todos comulgarán yantando platos exquisitos
y beberán las cepas más añejas.-

Quienes sirven los miran,
concentrados en sus tareas,
sin pensar en ellos.-
La sangre de quienes sufren no está en las copas.
La carne de quienes sufren no está en los manjares.

Entre lo ameno de sus indiferencias,
alrededor de las palabras, se enrosca
la víbora de un silencio elocuente.
Y los muertos declinan su dolor
por debajo de las copas
y arrastrándose alzan manos invisibles.

Los sirvientes los ven
pero no dicen nada;
callar ha sido siempre
parte de su servicio;
ofrecer en los platos la hostia de la angustia
unida a las porciones suculentas.-

Amílcar Luis Blanco  ("La última cena" oleo sobre tela de Leonardo da Vinci)