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martes, 5 de mayo de 2015

MARE NOSTRUM





¿Mar de quién o de quiénes,
de qué hombres y de qué mujeres?
De europeos del norte solamente
y no "of course" de aquéllos que se ahogan
entre Lampedusa y la costa africana
o entre el borde de España y el Sahara.

¡No, no, no! Que el don está más alto,
aún más alto que el Papa que procuró salvarlos.
La Europa medioeval hoy todavía
levanta sus castillos con ladrillos de miedo,
cava sus fosas hondas para que el mal no llegue.
En "The Sun" Katie Hopkins habla de cucarachas
y quiere que le muestren fotos de ataúdes,
cuerpos flotando en el agua, música de violines
y personas delgadas con cara de tristeza.

No le importa. Pueden bailar, drogarse, emborracharse.
Mientras tanto la luna en la borrasca,
la muerte contra el canto del agua que se cierne
yergue su contracanto y ahoga bocas y ojos sin respuestas,
cuerpos, almas y esperas agotadas de vidas destrozadas.

¿Hasta cuándo rechazos y tropiezos, 
indiferencias, hosquedades, miradas al costado,
piedras, dolores, aguas, arenas y blandas oquedades
y apartarse, apartarse, ignorarlos, serán la única 
ecuménica respuesta?
Esa pétrea respuesta que da el acantilado al tumulto del mar
o las estrellas en el universo infinito al mirar mudo de la especie.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Joaquín Sorolla)