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viernes, 25 de febrero de 2011

Hoy pensé si el fanal de tus pupilas

Hoy pensé si el fanal de tus pupilas,
alumbrándome entero, me transparentaría.
Pero sombras fervientes y nerviosas anguilas
opacaron sus brillos en tenebrosa umbría
y anochecí en tus ojos con penumbras y danzas
de cuerpos como imanes, sexos, fuegos y lanzas

Reconocí animales ancestrales y turbios,
agitándose en medio de eclipses y connubios
y promesas de llanto, de oceánicos diluvios,
corazones sin nadie, en la maleza acerba;
tientos de nervios, sangres, entre lianas y rosas,
orquídeas y diademas abriéndose en la hierba
candiles y redomas y huríes, vino y furia
y vigilias de antiguas pasiones perezosas
ocuparon sedientas nuestra bestial lujuria.

Es inútil, me dije, luego de tanto amarnos
intentar regresarnos,
sin sentido,
al rincón más ignoto del olvido,
y sólo porque estoy rígido y frío
despues de tanto vendaval y estío.

Tus ojos fueron caos, fueron noche y estrellas.
Vibraron en tu sangre brujas, hadas, doncellas.
Tus párpados cubrieron la visión de lo aciago
Y avivaron las alas de pájaros e insectos,
que ahora van y vienen del edén al estrago,
como un sol de un paraje con árboles y lago
a un desván polvoriento de perdidos objetos.

Los interfieren dudas que enjambran mi costado,
erinias que reprochan mis dones y mis males.
Me arrojan bajo un cielo de infierno vigilado
hacia un desierto blanco con infinitas sales
en el que incontenible, como un río,
me derramo a caudales
si me fío
para dilapidarme en el hastío.