
Yo licuaré con ansias tu saudade
engastando mis ojos en los tuyos
y libaré en tu boca los alcoholes
de lascivia y gemidos.
Encenderé la fiebre de tu sangre
y marearé la luz de tus sentidos
te seguiré besando en las madréporas
de abandonadas playas y sonidos
Te buscaré en los húmedos follajes;
respiraré tus aires y tus vellos
íntimos y salados, sin ropajes
que te nublen el cuerpo y tus cabellos.
Te montaré como a una corza en celo;
en tu grupa salvaje mi apetito
hará su devoción, hará su celo.
Los dos seremos un exhausto grito.
Dos cuerpos unidos extasiados por el deseo y la pasión alcanzando el cielo y la gloria.
ResponderBorrarUn beso.
Y mientras ellos se aman a oscuras las estrellas en el cielo se inundan!!
ResponderBorrarY llega el dia rompiendo el horizonte y la magia del amor sin limites no termina...
ResponderBorrar¡¡¡Huy, Amilcar, este poema es de un erotismo exacerbado!!! Bellísimo, de una sensualidad que trasciende de la misma esencia de la palabra y se transforma en carne, en gemido, en audacia amatoria...No se pueden leer poemas de este tipo antes de acostarse o una corre el riesgo de tener unos sueños demasiado húmedos...jejeje.
ResponderBorrarUn gran beso, con toda mi admiración, Maestro.