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viernes, 14 de enero de 2011

Andando, según veo...

Andando, según veo, según siento,
nos vamos achicando, deshaciendo.
Abismos se nos abren en el medio del cuerpo,
hondos en la soledad del tiempo que nos queda,
dolorosos en la tensión de la cuerda que tira
hacia el abismo del recuerdo.

Andando, según veo, cada día
nos vamos destruyendo,
ahitos de un ayuno sin retorno
de los buenos momentos.

El transcurrir se para en cada aguja
con vocación de encuentro;
cual si un reloj con ojos y cerebro
nos mirara el adentro
y acompañara nuestras lentitudes
ancladas para siempre y para nunca
en una ayer que viviré mañana;
nueva fabricación del universo
desde su lánguido comienzo.
Como si uvas y pájaros y flores
y aljibe y almohadón y música y zaguán
me transportaran
al sur de mí, sentado sobre el viento,
y a mi desbaratado sentimiento.

Andando, siempre andando.
El sempiterno cuento.
La memoria maldita.
El juego fatuo suelto.
Cada delirio duele.
Cada alegría envejece
si no se la proyecta y la contiene
en su estricto milímetro de sombra.

Degusto otro palacio;
caja de cristal con sueños.
Penetro largamente en cada silencio,
en cada soledad y en cada encuentro.

Duele vivir.
Nos vamos estrechando,
enjutos como torres,
anchos sin fin nuestros despoblamientos.
A paladas de adioses cultivamos
efímeros encuentros
y esa nada que habrá de sucedernos.