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miércoles, 12 de enero de 2011

Uno se saca objeto.

Uno se saca objeto a cada instante,
se va descomponiendo,
y le salen manijas, picaportes,
bacinicas, repisas y orgasmos de madera,
aunque siempre nos quede una cuestión restante,
que funciona sin nadie
y nos deje perplejos, sin empleo,
sin uso, ni control, inmanejables.

Uno se saca objeto a cada instante
y le sale hasta un puente o avenida,
algo para llegar a cada otro
y así seguir con luces, encendido,
como tren, transatlántico o e-mail,
que entre noches, océanos, borrascas,
sin cesar se desplaza y se festeja.

Abre el día en nosotros su múltiple contacto
y a cada cable que se tiende
el anterior queda olvidado,
destruido para siempre,
igual que un expediente en cuyo número
hasta los barbitúricos se duermen.

Uno se saca objeto, pero no todo entero;
un estancado resto se detiene,
anclado, subrepticio y va pesando
y forma una montaña de silencio,
magnética y latiente,
cuya espesura y hasta ensordecernos,
nos hará todo objeto para siempre.-