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lunes, 17 de enero de 2011

LA SOCIEDAD CONSUMÍSTICA Y LOS MONOPOLIOS.-

Los monopolios en todos y cualesquiera de los rubros de la producción de bienes y servicios tienden a generar y mantener una sociedad consumística avalorativa y anómica. Esto es, amoral y ajurídica. Es decir, sin valores morales o éticos y sin principios jurídicos basales que orienten la legitimidad de sus acciones.-Esto último, la conculcación y avasallamiento de las declaraciones, derechos y garantías constitucionales que hacen al Estado de Derecho y al ejercicio de una Democracia republicana y de contenido social por parte del poder monopólico reaccionario y regresivo nos pone en el peligrosísimo camino de retroceder hacia las formas mas abyectas de la tiranía y la autocracia, ya que éstas son cada vez más disimuladas y disfrazadas, habiendo sido forzadas y violadas por la colonización de conciencias desde el aparataje generador de una realidad virtual que desoye, desatiende e invisibiliza la realidad “real”, y hasta derroca y crea gobiernos títeres para mantener esas apariencias y seguir colonizando la subjetividad de quienes tienen el mero papel de ser sólo consumidores.-
Ello sucede porque el máximo valor perseguido por los monopolios, cárteles y oligopolios es el crematístico o lucrativo. Esto es la rentabilidad. Todas las estrategias y tácticas están dirigidas a ese único objetivo. El liberalismo burgués nacido en el siglo XVIII después de postularse a partir de los principios de libertad, igualdad y fraternidad, terminó degenerándose en un capitalismo de obvia turbiedad cuyas consecuencias padecemos todos en estas sociedades postindustriales y tecnológicas en las que los seres humanos como tales hemos pasado a un segundo plano. Hemos sido relegados en holocausto al nuevo Patrón y Dios, al nuevo “axis mundi” que es la rentabilidad de las empresas, cuyos destinatarios finales son sus accionistas. No quiero decir que este fenómeno no existiera antes sino que ahora, en las últimas décadas, se ha propagado y ha cundido como consecuencia de la globalización de las comunicaciones. El fenómeno de la acumulación de riquezas enormes en pocas manos y el mantenimiento de la masa de desclasados, desheredados y parias, disciplinados por la colonización de subjetividades llevada a cabo por los medios gráficos y audiovisuales hegemónicos que denostan, por ejemplo, en este país, desde el ángulo de adjudicación de avisos, propagandas y publicidades, al Estado por dedicarlas a financiar sus propios medios y no dárselas a dichos monopolios privados es una muestra de la voracidad, la insolencia, el cinismo con que se manejan estos medios que, además, se llevan puestos o pasan por encima todos los controles administrativos o judiciales con que el Gobierno quiere en vano disciplinarlos o encuadrarlos dentro de la ley. Sus directorios o gerenciadores desoyen y desacatan todo tipo de medidas o sanciones administrativas o judiciales: despiden personal y delegados gremiales, no acatan las decisiones de las autoridades administrativas o judiciales y, además, tergiversan, mienten, siguen esclavizando y actúan en la más obscena de las impunidades.
Valga como prueba de lo aseverado que del total de la pauta publicitaria que se maneja y exhibe en los medios, sólo el 4 % corresponde a la publicidad oficial o estatal, el 96 % restante la suministran los avisadores privados entre los que mayoritariamente revistan los monopolios. De manera que la sociedad consumística está cada vez más sometida a la acción monopólica de estos grandes consorcios concentradores de la riqueza y el poder, los cuales, por supuesto, tratarán de vender e imponer sus productos a como de lugar, es decir inescrupulosamente, sin sujetarse a valores o principios éticos o jurídicos de ninguna índole o aceptándolos únicamente cuando les resultan funcionales a sus intereses.-
Otra buena prueba de ello es el silencio que guardan los medios hegemónicos acerca de situaciones que conspiran contra las rentabilidades o “pseudo-prestigios” de sus avisadores y anunciantes monopólicos.
Por ejemplo, acerca de las condiciones infrahumanas de explotación y esclavitud en que mantienen a sus trabajadores ciertas empresas, como Nidera, denunciadas por Horacio Verbitzky desde “Página 12”..-
Los ejemplos pueden multiplicarse y muestran una sociedad en retroceso, en muchos casos hipnotizada, engañada, en otros hasta acobardada o deprimida, pero siempre tendiendo a la anomia y a la indiferencia u olvido de los valores, ya se trate de los tan meneados de libertad, igualdad y fraternidad que aluden al sueño o la utopía de una sociedad más equitativa, justa y solidaria, que juegan, han jugado o pretendido ejercitarse, como principios colectivos que orientaran la misma organización de la comunidad histórica, como de los valores individuales que construyen e informan la personalidad de cada uno: verdad, dignidad, honestidad, altruismo, desinterés, generosidad, decoro, pudor, etcétera.- De este modo la legitimidad moral y jurídica que funciona como la mielina que recubre la dendrita o axón de las neuronas, permitiendo que estas se relacionen entre sí e interactúen hacia funciones de afirmación de la vida, en el caso de los individuos se manifiesta como la fortaleza ética y moral que nos proyecte a horizontes de ilusión y esperanza que permitan una verdadera evolución, ésta legitimidad se va deteriorando y descomponiendo cada vez más y generando peligrosamente esta nueva sociedad avalorativa y anómica, en realidad inhumana, a raíz de la toxicidad o nocividad generada por las organizaciones monopólicas que funcionan como proliferación de células cancerígenas y destructivas de los tejidos sociales al defender sus intereses de grupo sin confesarlos como tales y disfrazándolos, hipocritamente, de valores, principios o normas que ellos no respetan con lo cual confunden, canonizan, catequizan y colonizan las subjetividades de quienes consumen sus mensajes.
Sólo la práctica y el ejercicio pleno de los valores repúblicanos y democráticos defendidos desde las conciencias críticas de cada uno y del conjunto de las organizaciones sociales y las denuncias constantes de sus violaciones permitirá revertir este proceso degenerativo y nos devolverá valores y principios.Ya que si como se dijo "sólo la verdad nos hará libres" hay que desnudar y señalar los ocultamientos, disimulos e hipocresías que la opacan y la sumerjen constantemente en la impostura.-