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lunes, 3 de enero de 2011

La sierra agonizante

La sierra agónica
sonaba a la distancia en la madera
como el jadeo de un perro.
Dicho sea esto para la ciudad sin horas
sólo hecha de sonidos.
Dicho sea esto para los cuerpos solitarios
entregados a sus gregarios quehaceres,
cuando las sirenas contrahoméricas,
las bocinas,
el raspar y los jadeos de los motores,
las gargantas pantagruélicas de las chimeneas
centellean
y entran
en las infinitas distancias de las imaginaciones que sueñan,
las voces que cantan,
las manos de las peluqueras,
los recuerdos de los ancianos
que desviven presentes que los excluyen a cada instante.
La sierra agónica lloraba,
gemía a la distancia,
rugiente como las gatas al fornicar
como los perros ladrando en los suburbios.-