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martes, 15 de marzo de 2011

Niños sin nadie

Niños sin nadie;
dias sin regreso.
Heridos de tiniebla,
contaminados de silencio,
con madres hechas objetos,
en todo caso evocadas
en la mujer que pasa,
en los afiches
o en la marea sucia del sonido
de la ciudad abierta,
llegado a sus oidos como ayes
guitarras y violines en el viento
o en regazos de pisos de zaguanes,
bancos,andenes, plazas,
rincones para el sueño,
rezagos de piadosas intemperies
que a veces, sólo a veces,
acarician sus caras
en una extraña tregua,
como si les hablaran
con voces de consuelo
y de tanta glacial indiferencia
desprendieran dos senos y dos manos
dedicadas a ellos todavía
y extraidas del cielo o del cemento.

Niños sin nadie;
días sin regreso.
Solos de soledad,
la mas ardiente,
la surgida del mar de lo indesable;
un torbellino sedicente y duro,
de horizontal y fuerte indiferencia,
que no permite sueños ni palabras
y que los va secando hasta absorberles
aún sus propios llantos,
cortándoles las ganas,
dejándoles heridas en los cuerpos
por los que el alma se evapora y pierde
como una sangre celestial y viva,
vino de la ilusión
y carne de la vida
de aquél famoso, inexistente ¡Dios!