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jueves, 3 de noviembre de 2011

La constancia del viento

El viento crece en su constancia.
Ruge, golpea maridajes y contactos.
Sopla en los vericuetos y en el ansia
y en la ronquera misma de los gatos
Suelta en tropel las latas y los hiatos
entre los edificios por las calles
y barre singladuras y perfiles y talles
en las deshilachadas muchedumbres
El viento hilvana pálidas costumbres
Arrastra lágrimas, puños, contracturas
Tiñe de otoño vacilantes lumbres
Y arremete frontal las estructuras.

El viento, sólo el viento, porque tiene
hecho de luz o sombra, contundencia,
su latido de tiempo que contiene
en su transcurso impar su transparencia.
Ese tesón viajero, ese agitarse,
vestido con las ropas que se tienden
sobre las azoteas y hamacarse
junto a las nubes lánguidas que penden
en los cielos de todas las edades
vividoras de calmas y tormentas,
en mares de siniestras tempestades
y en campos de desnudas osamentas.

Un viento del vivir e inflar las lonas,
del arañar las mesas de los bares
y abrir cielos en ínclitos hangares
para un partir de vuelos de palomas.
Un viento de entremeses que se surten
para tallar mejillas y nublar barandales
de homínidos humores que se curten
en las costas del mar con recias sales
y hasta en los espectrales ministerios
y en fríos edificios estatales
con risas de ministros poco serios
reptando sobre sórdidos misterios
en los despachos de los menestrales.

Un viento en fin de vida muerte y nunca
deslizándose a golpes; de infrecuencia,
con estertor de risa siempre trunca,
y tristeza de sórdida inmanencia.
Un batirse del aire, de frente y de costado,
en el alrededor de la consciencia,
exterior a nosotros e instalado
no obstante en lo central de nuestro hado
y en nuestra potestad de pervivencia.
Viento, río de tiempo desatado
que nos arrastrará en su turbulencia
hacia un mar para siempre sosegado.

Amílcar Luis Blanco. (Pintura de K. Nakajima "The other side of the wind" "El otro lado del viento")